La mística aguilucha en extinción



El desempeño que ha mostrado el equipo de Las Águilas Cibaeñas en los últimos 45 partidos (7-9) en el pasado Round Robín y (11-18), en la actual temporada para un total de (18-27) lo están llevando a descender de un equipo de primera categoría a uno de tercera o cuarta categorías.

Ese desplome es algo que podía ser predecible, ya que los últimos movimientos que se han realizado a nivel gerencial, dígase nombramientos de presidentes y gerentes generales, más que cambios han sido imposiciones, fruto de la disputa entre los grandes accionistas del club, el cual está conformado por grupos de familias influyentes de Santiago.

Si observamos desde que se produjo la forzada salida de Winston Llenas de la presidencia del club para la temporada 2013-2014, el equipo está jugando un solo juego por encima de 500, (48-47). Esto si sumamos la serie regular (30-20) y round robín (7-9) del año pasado y (11-18) en lo que va de temporada.

El equipo luce desorientado y la falta de dirección en los altos mandos se está manifestando en el terreno de juego. Es evidente la falta de un líder en el equipo, es como una tropa en una guerra sin un comandante que dirija sus soldados.

En el béisbol moderno, además de un buen dirigente, los equipos tienen una figura en el terreno a quien designan como capitán.

Este título no es otorgado, sino que deber ser ganado por el liderazgo positivo que éste llegue a ejercer sobre el grupo de jóvenes peloteros a su alrededor.

Eso ya no existe en la tropa mamey. El último que ocupó esa posición fue Héctor Luna y la disputa administrativa a la que nos hemos referido arriba, lo tiene fuera del espectáculo.

Y no solo Luna está fuera, esos malos manejos tienen alejadas del club a figuras emblemáticas como Luis Polonia, Miguel Diloné, Félix Fermín, Alberto Castillo y Mendy López, entre otros.

El caso de Chilote Llenas, que a pesar de mantenerse en los predios del Estadio Cibao, ha tenido que conformarse con un nombramiento de presidente Ad-Vitam, posición ésta que más que una distinción es una desconsideración a su persona, ya que solo es utilizada para servir de edecán a las personalidades que son invitadas para hacer el lanzamiento de honor o de la primera bola en los partidos que el equipo celebra en casa. Basta solo con observarlo cada vez que tiene que recorrer ese lago camino desde el camerino al pitching box.

Todavía estamos a tiempo para despertar y conseguir que esa ferviente fanaticada aguilucha, quizás la mayor del béisbol local, no se quede con las luces a finales de diciembre y así mantener viva esa mística que siempre nos ha caracterizado.

Por Leonardo López - elnuevodiario.com.do

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